A continuación se incluye un extracto del artículo publicado en el diario ABC.
Robert Amsterdam es un abogado estadounidense que lleva años enfrentándose a regímenes totalitarios que restringen la libertad de los ciudadanos. Empleando las artes de la abogacía, se ha peleado con Tanzania, se ha peleado con Uganda y su bufete está en proceso de lograr que ambos países sean expulsados de la Commonwealth. Ha luchado por la libertad religiosa de los cristianos en Ucrania y Armenia, siendo judío, y ha conocido por dentro las cárceles de Rusia, como tantos hebreos antes que él. Ahora libra una nueva batalla judicial internacional contra una institución española, que él considera propia de regímenes autoritarios, pero tiene muy buena prensa en nuestro país: la Agencia Tributaria. Acaba de publicar ‘Hacienda y el Estado Dual’ (Vegueta Ediciones), coescrito junto a Christopher Wales. Allí explica las motivaciones de su cruzada contra la única institución pública española que funciona con la precisión de un reloj.
Usted usa las leyes de los países autoritarios para combatir el poder que esos Estados ejercen contra sus ciudadanos.
Es una posición difícil pero muy gratificante. Puedo elegir las causas por las que quiero luchar. Puedo trabajar con gente increíble. Tengo pasaporte canadiense y pasaporte estadounidense, lo que significa que no soy tan valiente como los ugandeses, los rusos o los ucranianos que no tienen ese pasaporte. Así que dedico mi vida a ayudar a mis colegas en estos países, que tienen una valentía increíble arriesgando sus vidas.
Ha litigado en países horribles y hoy está en España. ¿Cuál es nuestro problema?
La Agencia Tributaria. Tienes un país que piensa: «¡Dios mío, somos lo mejor del mundo!». Pues la forma en que funciona Hacienda deslegitima esa opinión. Aquí hay gente que vive con miedo todos los días con la certeza de que, cuando la Hacienda llama a la puerta, no tiene derechos. Para empezar, pierdes la presunción de inocencia.
Creo que fue la llamada «ley Beckham» lo que le puso tras la pista.
Sí. Básicamente, funciona así: eres un tipo afortunado y te mudas a España, traes a tu familia, montas una vida aquí y para estar a buenas con el fisco te aprueban tu cuadro fiscal, unas condiciones que te interesan. Hacienda te da un certificado. Claro: tú crees que ya está. Y luego, años después, actúan contra ti y te golpean con sanciones y multas.